4/17/2009

La gangrena


Rafael se despertó con un leve hormigueo en una pierna y la felicidad de haber vivido un sueño erótico. Hacia varios años que no tenía la húmeda visita de un súcubo. Sus recuerdos nocturnos se limitaban a pesadillas por las que corría entre la niebla huyendo del ladrido de unos perros o en las que se despertaba metido en un ataúd mientras sus uñas escupían larvas y sangre en un vano intento de salir a la superficie.
Sin embargo esta vez había volado de la mano del súcubo hasta una habitación en la que no faltaba ningún detalle para los gustos de Rafael. El prototipo de su mujer ideal había ejecutado las fantasías que sin saber como esperaban ser descorchadas en la bodega de un aletargado cerebro.

Se levantó a beber un vaso de agua y a limpiarse los restos de semen que la bacanal polución había causado. El hormigueo se había convertido en un molesto picor. Al cambiar el pijama comprobó como su pierna presentaba un aspecto terrorífico. Mostraba llagas que supuraban un pus amarillento y un color negruzco de extendía desde el tobillo hasta casi la rodilla.
Rafael lanzó un grito asustado sin comprender el porqué de esta repentina afección.
Nervioso hizo unas rápidas curas que, sin embargo, agravaron aún más el aspecto pues la piel se resquebrajó al contacto con el agua oxigenada y las gasas.

Decidió llamar a un taxi y acudir al servicio de urgencias del hospital. Era algo grave, algún tipo de extraño virus seguro que había causado semejante transformación.
Se vistió con un chándal recostándose hasta la llegada del taxi.
Volvió a verla y a sentir su gratificante visita.

Días después el hermano encontró la pavorosa visión de un cuerpo totalmente descompuesto.
David Suárez, Suarón

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Joooodeeeeeeeeeeeeeeer tio, ya te vale...

Guaje Merucu dijo...

¡¡Cagunmimanto!!

Suarón dijo...

Suele pasar jej. Saludos.