
Martín Santomé, viudo con tres hijos en vísperas de su jubilación, comienza a registrar en un diario íntimo su vida gris y sin relieve. La vida cotidiana de la rutina oficinesca y la de un hogar donde prevalece el desentendimiento mutuo y la comunicación es escasa, se verán alteradas cierto día, cuando irrumpe en su opaca existencia la joven Laura Avellaneda, nueva empleada a sus órdenes. Y ese cincuentón, hombre mediano pero no mediocre, consciente de sus límites y su desgana, decide abrir, casi sin proponérselo, un paréntesis luminoso.
7 comentarios:
La misma historia de siempre. Pero muy bien contada. Ese es el quid de la cuestión: saber contarlo. Me encanta.
Sí hay está el quid. La novela es buenísima. La estoy leyendo estos días.
La lei hace varios años y Laura Avellaneda es de esos nombres que no se me borrarán de la memoria, no recordaba sin embargo el nombre del protagonista.
¿La historia de siempre?, hombre, no sé, yo la recuerdo como una historia bastante singular.
Singular que un cincuentón se "encapriche" de una chica joven? Porque, simplificando, esa es la historia. Y eso de singular no tiene nada.
Simplificando mucho quizás, aunque no lo recuerdo como un "capricho", y aún así, tampoco sería "la historia de siempre".
Claro que no. La escribió Benedetti. He ahí el quid.
Es un magnífico reflejo de la condición humana.
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