12/01/2012

Nuevo proyecto editorial "pata negra"


Ediciones Pata Negra trabaja actualmente en un libro ilustrado con doce grabados originales de otros tantos artistas contemporáneos. El tema, en esta ocasión, la ciudad de Oviedo. Entre los artistas gráficos contamos, entre otros, con la participación de Isabel García Cuadrado, Josan López de Pariza, Cuco Suárez, Mª Jesús Rodríguez, Hugo O'Donnell, Jaime Rodríguez, José Paredes, Carlos Alvarez Cabrero.

La edición consta de 20 ejemplares únicos. Sólo 8 ejemplares de edición venal.
Encuadernación de calidad. Distribución de los grabados: diez en el interior del libro, un grabado en la cubierta y un grabado para las guardas. Todas las guardas giran en torno a la misma imagen que se ha manipulado con diferentes aplicaciones de PhotoShop jugando con sus variaciones.
Dimensiones de la publicación: 34 x 48 cm.
Impresión de grabados del interior sobre papel SuperAlfa.  
Cada uno de los grabados va acompañado de un texto inédito de un escritor asturiano cuyo tema se ciñe también a la ciudad de Oviedo en la época actual. Los textos pueden ser narrativos o ensayísticos.
Entre los escritores se encuentran: Alejandra Sirvent, Ana Vega, Ceferino Montañés, David Suárez, Javier F. Granda, Juan Carlos Suárez, Lauren García, Manolo Villarroel, Néstor Villazón, Pelayo Fueyo...


Algunos fragmentos de los relatos:

[…] Una vez me dio por pensar que esta ciudad podría verse mucho más pequeña; una sexta parte suya y más aún. De este modo, soñando diurnamente, el campo San Francisco sería una maceta comparado con el de Saint James en Londres. Por entre su fronda, pasearían mariquitas con contrato social, los trabajadores de mantenimiento apurarían su angustia claustrofóbica de lugar pequeño y aburrido, el agua de un aspersor espabila y la realidad churrigueresca llena el espacio mental de nuevo con la ley fehaciente…
Alejandra Sirvent

[…] Observamos la calidez que implica caminar por unas calles del todo conocidas, con unos extraños personajes que pasan a formar parte del imaginario colectivo y personal, incluso banda sonora, puesto que cada ciudad posee su propia melodía y ritmo, pero también sentimos cómo las paredes se deforman, estrechan, y aprietan nuestros hombros, una especie de peso o carga mental que sólo conseguimos liberar cuando escapamos de este diminuto poliedro.                                                                                                 Ana Vega
                                                                                                         
[…] Salí a comprar Marlboro; en ese instante decidí que sería buen momento para una recaída. Volvería a fumar. Me escurrí hacia el Rosal tras una máquina de tabaco y también un café para ahogar las penas. Bajé al Yuppi que estaba repleto de tarados de doblete zampando como si no hubiera un mañana.
De vuelta a casa me sentí como una cáscara vacía. Todo estaba muy tranquilo en la calle. Escuché mis propios pasos en la acera a medida que mis pensamientos daban forma progresiva a la idea de que ganar, siempre es tentar a la otra cara de la suerte...
Javier F Granda

[…] Oviedo una oración que se reza arrodillado en reclinatorio que le da la espalda por temor y respeto. La ciudad que se mira en las fuentes con su murmullo tosco y terco que circundan los vehículos que le entran y le salen como en una gigantesca vagina provinciana. Ciudad que se deja tomar con la misma actitud virulenta del que niega afirmando, de quien quiere acostarse sobre su cobertor aterido por la historia…
Ceferino Montañés

[…] En una esquina dos tías se lo comían sin importarles nada.
Pablo decidió escapar de allí. Bajó por la calle Carpio hacia los Jardines del Campillín. Allí estaban las putas más asequibles. Subió por la calle Padre Suárez.Vio a una mujer negra y gorda. Un pedazo enorme de carne tetuda y esponjosa. Se acercó a ella.
-Cariño mío, ven con mami-le dijo al verle…
David Suárez “Suarón”

[…] Pero sobre todo me conmovió el camino de vuelta por la calle Uría tras dejarla en el hotel después de una pacificadora tormenta, de erigir la viva estatua del amor descarnado, de las promesas que no saben de las artes de la parsimonia, de los números de teléfono que se modifican con un pintalabios…
Han pasado casi quince años y mentiré si digo que la noche es el mismo parnaso de  aquella época, Ernesto elude las conversaciones de entonces y hay un algo que me  sujeta más al suelo que antes…
Lauren García

[…] La Calle de la Luna propende, sin afrentar la razón basílica y morada del espíritu, a divertimentos encanecidos… de billete y cartulina… en procura de revoco y  divertimento de la materia. Algunos veceros se aplican con pasión, mientras estimulan compasión, piedad y perdón en su entorno, a fantasear acerca de las más disímiles materias pese a sus grandes desconocimientos, falta de raciocinio y embotamiento neuronal. Es llegado el momento de retirar, pues amenaza con manifestarse el fantasma de la física cuántica, el espectro de la filosofía oriental y hasta el mismo duende de la metafísica…
Manolo Villarroel

[…] A lo que el pobre camarero, exhausto debido a sus diez horas de trabajo, digo, y temiendo la predecible respuesta, finalmente responde: ¿A? No me suena. ¿Quién fue ese hombre? ¿Dicen que era una mujer? A ver, aclárense. ¿Dicen que fue político? Pues entonces seguro que no hizo nada por esta región. No, no. Definitivamente no lo recuerdo. Pero bueno, si está muerto diremos que ha sido una gran persona.
Mientras, el Oviedo volvía a primera. Daban las 8 de la tarde en el Teatro Campoamor. Uría se vestía de cielo para las compras de última hora. El alcalde daba una nueva noticia y la gente, inmersa en sus problemas, caminaba apacible e impasible por las calles de la gloriosa capital, ajena a la gloriosa muerte de A.
Néstor Villazón

[…] Por otra parte, sobre todo los domingos, mi familia desayunaba con pasteles de Camilo de Blas, y, después de la misa, comíamos en Los caracoles o En El gato negro. También los fines de semana solíamos hacer deporte en el Centro Asturiano de Oviedo, donde conocería al que sería compañero de instituto, el joven pintor Pablo Sampedro. También por entonces, frecuentábamos la iglesia San Tirso, donde los sábados se celebraba misa para los jóvenes catecúmenos. En una ocasión, faltaba un monaguillo, y el cura sugirió que yo completara la terna. Aquello fue una verdadera comedia: cuando Don Ángel y el otro monaguillo se arrodillaban, yo me quedaba de pie; cuando yo me arrodillaba, ellos quedaban sentados; cuando ellos se ponían de pie, yo me sentaba…
Pelayo Fueyo

Fermín Santos López
Director de Ediciones Pata Negra

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