3/26/2007

Capítulo 4. Recopilando hasta el accidente

Mi vida cambió desde que me hize amigo de los vega. Empezé a verlo todo más claro, una cortina se abrió para mostrarme la luz de la posibilidad de que esta absurda idea de ser detective tuviera razón de ser.
Contentos y confiados en mi supuesta sagacidad recibí unas semanas más tarde de la fiesta la llamada del cabeza de familia y del negocio Francisco Vega. Me pedía, con voz agitada, que me presentase en su casa lo antes posible para un asunto urgente.
Vislumbré enseguida que estaba ante mi primer caso serio y que no podía defraudar. Contagiado por la agitación me puse el traje de la boda de mi amigo José Campa, licenciado en historia y barrendero de profesión y acudí con mi Peugeot 205 a Ciudad Naranco.
Seguro que pasaste por allí un montón de veces, es una finca que está subiendo en dirección al Parque Pura Tomás, llama la atención nada más verla con su majestuosa arquitectura y su tejado como de pizarra negra.
Piqué y me contestó la chacha con acento ecuatoriano:
-¿Quién es?
-Soy Fernández, Antonio Fernández, detective privado.
El ruido eléctrico que abría la puerta sonaba como un concierto de Mozart y Fredy Mercuri desde el infinito.
Atravesé el jardín por el pasillo de piedras estilo calzada romana cubierto por un colosal mosaico de claveles, rosas y jazmines que dejaban entrar la luz del sol con la justa apertura para poder contemplar aquella senda de las delicias. El vestíbulo de entrada donde me esperaba María de los Guzmanes Aréchega, natural de Quito no era menos primal. Una fuente romana en el medio daba la ilustre bienvenida, engalanada a los lados con una colección de bonsais y enredaderas y los cuadros con la familia real, los oculistas y...Don Gabino de Lorenzo.

1 comentario:

Guaje Merucu dijo...

maqueando, el artista...